jueves, 22 de julio de 2010

José apareció

Ávalos, te escribo rápido porque no sé cuánto tiempo tengo. Después de colgar contigo comenzaron a suceder cosas por demás extrañas. Te pregunté si creías en lo sobrenatural; pues bueno, creo que es tiempo de que yo lo haga. He visto a José; estaba sentada en la sala cuando entró por la puerta, lo vi sereno, sentí que el corazón me saldría por el pecho, quedé en shock; sin duda era él, quería levantarme del sillón pero algo me lo impedía. Me dijo:

-Ana, dile a Ávalos que me busque en el muelle. Yo ya estoy muerto.

Entendí lo que mi cuerpo me advirtió desde que lo vi entrar. Aquel no era él, sólo algo que se parecía a él.

El ambiente se llenó de una ceniza brumosa, José desapareció de nuevo, sólo quedó la bruma y un penetrante olor a uvas fermentadas.

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